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2vB - dosvecesbueno.comMe llamo Ángel Benito, y también @albero. Nací en Salamanca en el año 71 y estudié Derecho. Rodé por la administración local de varios pueblos pero en un un espasmo geosinclinal de la corteza terrestre mi eje vital se desplazó al Rincón del Vago, portal pionero en el Internet hispano, donde sigo trabajando en la gestión de contenidos web y en la relación con algunos de sus cientos de miles de usuarios. Soy enamorado con suerte, padre babeante y twittero de idas y venidas (a menos).

No soy escritor ni nada que se le parezca pero sí encontré señas de mi identidad en el blog. Blog no en plan vertedero de vanidades sino en una forma de publicación puramente personal, una especie de diario compartido y a la vez desapercibido, sin alaraca ni estridencia.

¿Por qué un blog de microrrelatos, minificciones y literatura lapidaria?

Al microrrelato lo han tratado de definir como el género literario del siglo XXI. Ha cuajado como categoría y ha encontrado más adeptos que nunca en los días en que estás leyendo esto. Uno de esos adeptos, supongo, he sido yo. Me encantan los textos precisos y concentrados, esos que uno se pasa saboreando horas y horas en un momento posterior a la lectura, desentrañando sentidos y significados no encontrados entonces o sólo puestos de manifiesto con posteriores visitas a esas letras.

¿Quién no ha atrapado alguna vez un pensamiento fugaz en el cazamariposas de una breve frase? ¿Quién duda que una obra universal no se pueda contener en estructuras de texto exactas o, cuando menos, en un puñado de palabras muy ajustadas?

Una vez que me dejaron prologar un libro de microrrelatos (*) expresé que el escritor de minificciones “…debe convertirse en una especie de relojero de la intención y en oficinista de la sorpresa, atribuyendo notables dosis de esos ingredientes a cada una de las palabras o a la estructura preciosista y matemática que debe emplear para no convertir la narración en un mero despacho de renglones incapacitados para el encanto. El máximo efecto en el menor espacio posible. Una ocurrencia galana que ha de mover a la relectura para intentar descubrir el mecanismo de la perplejidad, o, por decirlo de otra manera, el instante exacto en que el relato rompe nuestros esquemas y nos precipita al asombro, a la risa, a las lágrimas o al vacío de la locura…”

David Lagmanovich dijo que los microrrelatos eran “cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas“. Esa voluntad de concentración y de elipsis, de economía y productividad, de minimalismo como motor del mundo.

Ese es mi ideal, mi propósito y este blog será un largoy doloroso intento por acercarme a ellos, aunque no descarto ser infiel a la hiperbrevedad alguna vez. Valga como muestra esta larga introducción.

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(*) Retólicas del Vallico, de Diego Zurdo y Miguel Arias - Editorial Manuscritos, 2009