En picado
por dosvecesbueno
Incapaz de concitar la atención del pasaje para aliviar la fatalidad del impacto, Marga alcanzó su asiento a trompicones y con dos botones arrancados del uniforme. Justo antes de amerizar comprendió que en ese instante de precipitación se resumía toda su vida: siempre otros habían tripulado sus rumbos y no había logrado ser más que la atareada azafata de un vuelo naufragado.

