2011
por dosvecesbueno
Para mí el 2011 no ha sido el año en que Google ha hecho dos o tres lanzamientos de productos por semana, ni el año de su Panda ni su Plus, ni el año de Microsoft aliándose con Nokia y adquiriendo Skype. Ni siquiera ha sido el año en que Twitter ha duplicado su uso en Europa o Facebook ha llegado a los 850 millones de usuarios, muchos de ellos tunecinos, egipcios, acampados en Sol y occupies londinenses o neoyorquinos, que han puesto de manifiesto que las válvulas de escape de la gente no son infinitamente pacientes y que tarde o temprano nos encontraremos en una de esas situaciones que hacen que sepamos de qué pasta estamos hechos.
Me ha dado bastante igual, que el iPhone 5 o el iPad 3 se hayan quedado en la Moleskine de alguien, que Google Music e iTunes Match hayan nacido para invadir los dominios de Spotify o Grooveshark, que Alice y Amazon aterricen en España y que los del gremio de editores sigan ciegos ante lo que representa el Kindle y los de su casta para el devenir de sus negocios. Ni la Ley Sinde, ni ZP, ni Rajoy, ni la SOPA, ni la ETA, ni la prima de riesgo, ni la partida definitiva de Jobs o Simoncelli, ni las nubes radiactivas de Fuckushima, ni las nuevas cruzadas entre ateos y cristianos durante las JMJ han conseguido inquietarme el sueño, por muy grave o doloroso que sea todo ello.
Mi 2011 han sido mis éxitos y mis fracasos. Mis logros y derrotas como marido, como padre, como amigo, como profesional, como ciudadano y ahí, en todos estos aspectos, sí que tengo algunos claros y muchos oscuros.
En este año 2011 he visto cómo mi hija aprendía a leer y a escribir y he disfrutado cada uno de sus dibujos tiznados de su propia personalidad, cada vez más autónoma y fuerte. En 2011 escribí en Bloguismo y luego me pudo la pereza, ayudé a fundar el proyecto Diario de Salamanca, pero tuve que abandonarlo en plena marcha porque estaba dejando de ser “mi” proyecto. En 2011 gané grandes amigos, restañé viejas cicatrices y abrí otras de antaño en las que he hurgado con los dedos pringados de sal no pocas veces. En 2011 me embaucaron y embauqué, arropé y me arroparon, tuve mis gigantes de viento y mis molinos enanos, mis lesiones y mis carreras en solitario, mi Sevilla, mi Madrid, mi Peñíscola, mi Valle del Jerte, compré, por fin, en Deconexo y leí un sólo libro sin haber sido editado, “El viaje de Argos”, de Alejandro Polanco.
En 2011 falté al respeto y a la San Silvestre, pero ni un sólo día al Rincón del Vago por enfermedad: el buitre llegó a ser casi cóndor andino con plumas “anaranjandas”, un grupo fuerte al que le sigo agradeciendo el pan y lo básico. En este año que acaba sigo sin saberme definir, ni resumir, ni “promocionar”, ni contener maldiciones, ni impedir dejarme arrastrar adonde no quiero ir. A veces se me olvida sonreir y sigo sufriendo con el desorden. Cada vez bebo menos, lucho contra las pistolas de la rutina con palos y con piedras, con papel y con tijeras.
En 2011 estrené una bonita pérgola y he abierto este blog. Puntos suspensivos.


Y yo que esté ahí para verlo
Abrazos!
Gracias Juanan. Un abrazo