Desiderata

Te saludo cordialmente y te doy la bienvenida a este cuaderno de asombros y bitácora en clave literaria. Que disfrutes tanto leyendo como yo creando. (A.B.)

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Microrrelatos y otros pensamientos fugaces

Afeitado

Perpetrado el 24 mayo, 2015

Hay veces que la vida parece un atolladero. Aquello que tenía un curso, de pronto se detiene y cobra tintes de permanencia inerte.
Nada puede erosionar esa cualidad de latencia y detención, y el tiempo solo ayuda a perpetuarla, a hacerla maciza e invulnerable con su substancia de bálago perfumado.
Pero siempre hay algo que desatasca la boca. Entonces viene el remolino y el vértigo, la velocidad, la luz.
Sólo hay que permanecer vivo hasta que se levanta el tapón.

Socios

Perpetrado el 21 diciembre, 2014

Siempre había pensado que puedes ser socio de cualquiera. Que bastaba poner capital juntos e ir al notario. Que solo era requisito no engañarse, ni mentirse y declararlo todo en cuentas.

Pero con ella he aprendido que una sociedad es otra cosa. Que el vínculo societario se trenza con cada risa y cada llanto, con cada larga conversación de madrugada, con ir desenvolviendo la inacabable faena de la vida, con el quedarse dormido uno en el hombro del otro, con cada vez que se hizo el amor y cada vez que se veló en la fiebre o se domesticó la amargura con palabras sabias, con un continuo irse pero quedarse, con ese volcarse en el proyecto futuro que es un hijo sin siquiera pensar que con ello sobrevive nuestra esencia.

Si Sartre tenía razón y somos lo que hacemos con lo que la vida ha hecho de nosotros, entonces estamos creando esbeltos palacios con los restos de un apocalipsis que ruge pero nunca nos alcanza. En esta locura de amarnos mientras afuera todo se despedaza.

Y sigue habiendo el mundo más bonito en los ojos más bonitos del mundo.

Calling all stations

Perpetrado el 30 noviembre, 2014

Hace unos días coincidí en el contenedor de reciclaje con un señor mayor. Mayor que yo, al menos, aunque lejos de ser un anciano desvalido y débil.

El caso es que, al intentar introducir atropelladamente por la ranura del contenedor de papel todo lo que transportaba abrazado a su pecho, al hombre se le voló un trozo de cartón. Hacía un aire loco de noviembre, con muchas nubes grises al fondo del páramo. sigue leyendo

Perspectivas superiores

Perpetrado el 8 noviembre, 2014

Ayer la preocupación principal de mi hija era que no lloviera para poder salir al patio del cole en la hora del recreo. “Es que por los soportales es muy aburrido, papá. Hay poco espacio y los niños nos chocamos”

A la vez que me sonreía de la escasa importancia de su problema, vislumbraba a otros seres con mayor perspectiva sobre la vida menospreciando el tamaño del vaso de agua donde me ahogo cada día.

Quizá sea la edad ese padre que lo deja todo en nada y que, paciente y comprensivo, nos dice, agachado a la altura de nuestros ojos: “Ya verás como a la hora del recreo no llueve”

Auxilio

Perpetrado el 28 octubre, 2014
“Un sueño sin faroles y una humedad de olvidos…”
El ángel del misterio – Rafael Alberti, 1929

Mario (no es su verdadero nombre) ha llegado pronto a la cita y espera, ya  encaramado a la vertiginosa arista.

Desde allí la ciudad es un mar de ámbar y en la hermosa noche no flota ningún presagio. Para reafirmarse, rememora en bucle fatigoso todos sus actos de gracia. De ellos detrae detalles truculentos y se detiene en lo que siempre es igual: un reclamo cifrado en una web de anuncios, una llamada (a veces más) sin palabras, un anónimo encuentro, más para corroborar intenciones que para concretar detalles, y, finalmente, el momento en que presta su mano a los indecisos de viaducto o a los que mojan la soga con lágrimas. Como inútil descargo, se dice que en ocasiones no fue otra cosa que un mudo testigo como podrían serlo un padrino de boda o una hoja de trébol.

A su espalda se ha abierto la puerta de la azotea y unos pasos se aproximan.

Mario piensa que hoy su coche fugitivo no cruzará las vastas soledades de semáforos al regresar a casa, donde siempre aguarda un aura negra y una especie de aullido. No su coche.

Lentamente, avanza y se alinea con el precipicio.

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